El despertar de la sangre

kumo: La noche del despertar

La infancia de Kumo fue feliz.
Vivía con su numerosa familia en un lugar en medio de un idilico lugar. Separado del mundo. Para ellos solo existían los prados verdes, fértiles campos.
Y la casa donde había pasado toda su vida. La enorme casa de paredes de piedras negras y techos de paja, se erguía inmensa, muda, oscura, junto a los establos de madera, rodeada de hermosas y diversas flores y árboles, en mitad de un espeso bosque repleto de vida;
Justo detrás de la casa, el sendero portaba hasta el circulo de piedras viejas. Donde, algunas noches, con la luz del astro lunar iluminando los prados y valles, había espiado en secreto a sus padres recitar las sagradas letras, y pintar símbolos sagrados sobre el frio mineral, con la sangre de ella, o de sus hermanos.
 Ella y sus hermanos tenían cinco madres y cinco padres, todos les enseñaban cosas. Pues los padres son padres y maestros.
 Tenían un horario muy estricto de estudio con cada uno de sus progenitores, ya que todos coincidían en lo mismo "el conocimiento, es la llave del alma".
 Kumo escuchaba todos los días los textos de como el gran Omnur El Omnipresente tuvo la revelación de tornarse contra su padre y devorar las entrañas cálidas de este, mientras aun respiraba. De como sus hermanos le volvieron la espalda. De como se marcho de El Carmen. Los textos sagrados, Eran palabras de su vida, su obra y muerte; 
También tenían clases de canto, no entendían las palabras, pero madre Hildegard era muy estricta con la perfecta pronunciación; Aprendían mucho sobre los animales, su ciclo vital y como unos animales deben morir para alimentan a otros; En el aula planetaria, les explicaban el movimiento astral, como afecta a todos los seres de carne y como el cielo gobierna a la tierra, a los mares y a las montañas. Uno de los ejercicios diarios, era la alineación planetaria o contestar a que distancia estaban unos de otros. Y Kumo era realmente buena, casi como si esa información hubiera estado siempre en un cofre guardada, en su interior.

 Ambos padres, les llamaban a ella y a sus hermanos "las llaves".
 En las frías noches de verano, si habían trabajado en sus estudios y habían sido felices, El Padre mas Anciano, los subía hasta el tejado del establo, por una escalera estrecha, y les mostraba el cielo. Les hablaba de las estrellas, y de como son el rastro dejado tras cerrar la puerta. Pero que algún día, uno de ellos, lograría abrirla de nuevo, para que Omnur El Omnipresente volviera, y eso les haría felices a todos los padres.
Todos querían ser la llave de carne que lograra hacerle tornar a este mundo. Todos querían ser el hijo mas amado por sus padres. Y todos reían dichosos.

 Algunos grillos cantaban en la distancia, y si las llaves estaban muy quietas, podían ver algunas luces de las luciérnagas titilantes, danzando a la entrada del bosque. Y Kumo, miraba a sus sonrientes hermanos, sentada entre ellos, con sus cabellos de un rubio blanquecino despeinados, enmarañados por el viento que soplaba desde las montaña . Y sus pálidos pies descalzos agitándose desde allí arriba; Sentía que su corazón le iba a estallar en el pecho. Era inmensamente feliz de tener una familia tan maravillosa. 
Unos padres que la cuidaban y enseñaban. Una casa preciosa donde vivir. Unos hermanos a los que adoraba.
Y asi pasaron los años, hasta la noche especial. La noche para la que los habían estado preparando durante su corta existencia. La noche en que todos cumplían diez años de nacido. Sus padres la llamaban: La noche del despertar.

 La noche del despertar, era una noche especial, todas las llaves cumplían diez años. 
Hacia unos meses habían traído telas especiales y les habían hecho unas ropas preciosas de terciopelo violáceo, ribeteadas con seda de telas de araña;
 Cuanto había hecho correr Kumo a sus madres tras ella, rogándole que tuviera cuidado con esa tela, cada vez que se escapaba en mitad del momento en el que le estaban tomando la medida de su cuerpo, con alfileres. Mientras le gritaban que tuviera cuidado con las ropas;
Le gustaba esa vestimenta nueva. Dar vueltas sobre si misma con ella puesta le hacia reir. Se sentía muy especial;

 Después de cenar, tomaron la "tarta de lágrimas de madre", las madres, les besaban en la frente a cada uno, cada vez que les servían su trozo, mientras con lagrimas de alegría en los ojos, se despedían de ellos, y les felicitaban por haber sido unas llaves tan buenas y les decían cuanto los querían y lo inmensamente orgullosas que estaban de ellos. De lo que iban a hacer.
 El mejor regalo que se le puede dar a un progenitor, es abrir la puerta para iniciar la llegada.


En cuanto se tomo el ansiado y delicioso postre, Kumo empezó a sentirse mareada, como si flotara; Recuerda que cantaron en el círculo de piedra. Sintió la humedad sobre sus brazos y su rostro, miro al cielo oscuro, donde había empezado a formarse un circulo blanco, muy blanco, que empezó a crecer y crecer, concentrado su centro sobre ellos. Hasta que se detuvo, como si aguardara algo. Había empezado a llover. 
 Algunos de sus hermanos tenían miedo, conforme El Anciano Padre se acercaba a cada uno de ellos, este cesaba su canto. Y era cubierto por una manta de lana roja. Kumo, miro a sus hermanos mas cercanos sonriendo. Sin dejar de cantar, en aquella lengua ya olvidada. Ella también quería ser cubierta por una manta de lana roja; Algunos relámpagos plateados y azules comenzaron a surcar los cielos sobre ellos llenando la atmosfera de una energía eléctrica, que le ponía el vello de punta y le hacia cosquillas en la tripa...
De cada una de las piedras con forma de altar, donde reposaban sus hermanos cubiertos, manaba un pequeño hilo rojizo de liquido. Que bajaba hasta formar parte de la espiral esculpida en las rocas del suelo. Pero la Piedra Madre no brillaba.
Uno de los rayos provocó un pequeño incendio en el círculo, sobre unas zarzas que de manera lasciva y anómala habían brotado furtivamente de la Piedra Madre
Y la llama le habló: << No tengas miedo niña, yo beberé tu sangre y estaré saciado. Comeré tu carne y estaré vivo. Absorberé tu alma y caminare entre vosotros de nuevo. Solo acércate y ábreme la puerta...>>
los pies de Kumo, como movidos por unas cuerdas invisibles, la hicieron descender de su piedra. La hierba bajo sus pies estaba fría y húmeda, pero a penas la notaba. No sentía nada. Salvo esa voz. En sus oídos. en su cabeza. 
Era como si su trompas de Eustaquio hubieran sido formadas en el útero materno solo para escuchar esa voz. Era tan cercana. Como si una parte de ella la conociera. 
<<Vamos, un poco más... Un poco más... Ya casi>>  Y unas manos enormes la arrancaron de la zarza en llamas, que ya había comenzado a enroscarse en su brazo;
  Kumo contemplo a la figura en las llamas, mientras ella se alejaba contra su voluntad, escucho sus gritos de pura rabia, mientras Padre Josseph, la llevaba sobre su hombro. 
Fue dejada bajo un árbol. Donde la lluvia no la alcanzaba.
 Kumo quería decirle a Padre Josseph que había una voz que venia de fuera de ella, pero que su corazón la había reconocido como suya. De su interior. Pero su boca estaba pastosa y su lengua actuaba como adormilada. A  penas pudo señalar el circulo de piedra, con lagrimas en los ojos.
Su padre, hinco una rodilla sobre la tierra húmeda, se aparto la capa de la tunica oscura, con capucha negra y la abrazo fuerte. Pudo oler su sudor. Y sintió su calor y  el hedor de su miedo.

-Kumo,  olvida esto. Olvida esta vida -La tomo por ambos brazos y la sacudió con fuerza, mientras le gritaba a apenas unos centímetros de su rostro .-¿Me has oído Kumo? ¡¡Márchate de aquí y no vuelvas nunca!! Esto solo fue un sueño.
Dicho esto, partio a todo correr para liberar a los animales del establo en llamas.

 Y allí se quedó Kumo, viendo a sus padres correr de un lado a otro para apagar el incendio de la casa. Las llamas se extendieron a los campos. 
 En algún momento, cerca del alba, su hermano Yami se acerco a ella, le puso sus sandalias y un chal de lana gris, con su nombre bordado en letras azules. Kumo lo miro en silencio.
Yami la tomó de la mano y echaron a andar sin rumbo. Hacia el camino.

El camino hacia lo desconocido fue largo. Pero Kumo sabia lo que había que hacer, continuar hacia delante. Sin miedo.
Cuando escuchaban el sonido de otras gentes que se acercaban, ambos niños se escondían tras los matorrales, siempre a la vereda del camino.


De noche dormían abrazados. Mientras Kumo le narraba la historia a Yami de como el cielo lloro, cuando Omnur, El Omnipresente, asesino a su padre Marrek, El Impulsor del Equilibrio.

La Deidad del Viento, fue enviada con la voz del cielo, para buscar un héroe valiente, que pudiera acabar con Omnur, El Omnipresente, y devolver el equilibrio a los elementos.
Pero Omnur, El Omnipresente, lo engaño, disfrazándose de anciana sucia y enferma, y presentadose ante La Deidad del Viento, por los polvorientos caminos; Y cuando El Viento le ofrecio algo de alimento, la anciana rapidamente toco sus dedos y con una enorme carcajada, se transformo en Omnur, El Omnipresente, y le arranco su voz, para siempre. 
Y desde ese día, algunos lo conocieron como Omnur, El De las Mil caras o Omnur, El Mentiroso.
Pero el Dios del Viento, hijo del cielo, tramo un plan. Que el cielo dejaría a las estrellas preparadas para guiar al mata dioses hasta Omnur, El Omnipresente... 
Y cada noche Yami se durmió. Y Kumo también caia dormida.

Asi transcurrieron los dias, hasta que llegaron a la ciudad de Yrgae.

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